Una Escena Real

Un oscuro horizonte amenaza con fuertes tormentas sobre la vida. Nubes negras oscurecen el brillo del ser humano. La normalidad se está viendo fuertemente enturbiada por la amenaza invisible del enemigo que nos acecha, nos rodea y nos somete. 

Los seres humanos que se creían, se vanagloriaban y se jactaban de dominar el mañana, de poseer la razón y la fuerza suficiente para someter al futuro a su antojo, ahora se ve desplazado y empequeñecido por un minúsculo batallón de intrusos que se atreven a tambalear lo que desde siglos nos ha costado tanto construir. 

Miro a mi alrededor y veo edificios, vehículos, fábricas, casas, lujo y excentricidades, todo un boato inquietante y solitario que se ve desalojado de sus creadores, de sus dioses y de sus inquilinos. Ahora entenderemos lo que es el sentirse pequeño, el verse despojado de lo que creíamos un derecho, el no disfrutar de nuestra ansiada libertad.

Suspiros, miedos y lamentos son los sentimientos que han reemplazado a la vanagloria, al despotismo, al orgullo de creerse invencibles, a la ausencia de modestia y exceso de super ego…todo ha quedado reducido a un recuerdo de lo que fuimos y lo que no volveremos a ser.

La tierra toma el control del ser humano y no como desde nuestro nacimiento hemos querido imponer. Hemos querido someter a la madre Tierra, la hemos explotado, contaminado, aniquilado a sus habitantes que por pleno derecho eran sus dueños mucho antes de ser nosotros un mero pensamiento en la mente de un ser supremo. Ahora aves, animales, plantas camparán a sus anchas en el suelo que le hemos usurpado. Toda causa desemboca irremediablemente en una consecuencia y ahora estamos siendo testigos mudos de nuestras imprudencias, nuestros crímenes y nuestra falta de consciencia. 

Hemos jugado a ser dioses, a creernos supremos, a vendernos como letrados cuando no éramos más que simples analfabetos de una ciencia a la que llamamos vida.

Escondidos y asustados vemos los minutos pasar intentando no reconocer nuestro error, que no es otro que jugar a crear muerte en lugar de vida, llanto en lugar de risas, abandono en vez de acogida. Ahora nos lamentamos por no poder abrazar o besar, ahora nos creemos abandonados cuando hemos sido los primeros en abandonar al necesitado y descuidar al que nos pedía ayuda. Hemos abandonado a nuestros mayores y malcriado a nuestros menores. Ahora, nos arrepentimos y pedimos una segunda oportunidad. Y la Tierra, nuestra madre Tierra, nos la dará pero no sin antes habernos castigado por nuestra indiferencia. Ahora somos y seremos el vivo ejemplo del animal que tropieza dos veces en la misma piedra, en nuestra roca de odio y egocentrismo. Ahora sí pedimos ayuda, ahora sí queremos hermandad, solidaridad y compañía. 

Ahora salimos a balcones y aplaudimos a quienes vemos como héroes, cuando hace un par de días no sabíamos ni que existían y que a diario daban lo mejor de sí para que otros pudieran seguir con su egoísmo. Ahora queremos reconocer y obligar a los demás que reconozcamos a los que hace un par de semanas pasaban desapercibidos. Por supuesto que hay que aplaudirles, pero no por el trabajo impagable de estos días, sino por demostrar al mundo que de ayudar al prójimo también se vive. 

Una escena real, así he llamado a este escrito que no pretende otra cosa que decir en alto, con la voz de la palabra escrita, algo que todos pensamos y no admitimos. 

Pero aún así, después de todas estas elucubraciones pesimistas de un mundo que se ve abocado a su propia destrucción, quiero levantar mi lanza por ti, sí por ti mi inestimable y tantas veces olvidado artista. 

¿Qué sería de esta vida sin risas, llantos, miedos e ilusiones? ¿Cómo podríamos vivir sin ver en la piel de lo ajeno aquello que no nos atrevemos a vivir por nosotros mismos? Porque en realidad, eso sois vosotros, mis queridos artistas, el vínculo entre nuestra realidad y la realidad del otro. 

Sois los que nos ayudáis a entender mejor el misterio que rodea al ser humano. Ponéis en vuestras actuaciones, nuestras vivencias que en la mayoría de los casos, se quedan en simples sueños. Dais vida, la quitáis, dais amor y odio, dais risas y lágrimas, dais dolor y felicidad…en definitiva dais vida a nuestra triste existencia.

Por eso, en estos días en los que nos escondemos de nuestro propios errores como seres humanos, quiero reconocer tu labor, actor, actriz, cantante, escritor, pintor y músico. La vida, nuestra vida, no sería la misma sin vuestras vivencias plasmadas en unas tablas, unos instrumentos o un lienzo. Seguid adelante con vuestra ilusión porque vuestro trabajo es nuestra sabia de vida. Vuestro buen hacer es la señal de que seguimos vivos y sobre todo de que seguimos teniendo un corazón que nos palpita debajo del pecho.

Así que aunque nos rodee la oscuridad, amiga y amigo artista, sal al escenario, respira hondo, levanta tu mirada hacia los focos y comienza tu espectáculo. 

¿Una escena real o una escena creada para parecer real? Da igual porque tu representación será siempre mucho más bella que nuestra propia escenificación de eso que hace un par de semanas llamábamos libertad. 

Sé libre, siente, actúa pero sobre todo, por favor, VIVE para despertarnos a nosotros, tu público, de este letargo en el que estamos sumidos.

Javier Gómez

4 respuestas a «Una Escena Real»

  1. Nunca imaginé que esto podría ocurrir, como un ser ten pequeño bueno mejor dicho diminuto podría causar todo lo que está causando. Como es verdad que para acabar con el mundo no hacen falta miles de bombas o que venga un tsunami y arrase con todo, simplemente un diminuto bichito por llamarlo de alguna forma puede acabar con todo.

    No nos damos cuenta de que en la vida puede suceder de todo, por ejemplo, vemos una película de zombis y ¿qué es lo primero que pensamos? ¡Hay menos mal que esto es mentira y no puede ocurrir en la vida real! Pero si en realidad lo pensamos es lo mismo, es algo que no vemos pero que de manera sencillísima puede acabar con miles de personas.

    Me cuesta pensar como podemos sentir tanto miedo por el Covid-19 y no hemos sentido el mismo miedo al contaminar tantísimo el medio ambiente , el medio que nos da la vida y lo peor esque lo hacemos sabiendo que esta mal y que eso no se debe hacer, pero como esto miles de cosas.

    Hay que darle las gracias a todos los medios de seguridad tanto policías, los medios sanitarios y a otros muchos por el gran trabajo que están haciendo, exponen continuamente sus vidas para salvar las nuestras, porque ellos podrían quedarse en casa como hacemos las mallorias de personas. Creo que no tendré vidas por lo menos yo personalmente para agradecérselo a todas esas personas que nos ayudan tanto.

    Hay que intentar llevarlo de la mejor manera posible, en casa se pueden hacer miles de cosas súper divertidas, como disfrutar de la familia, jugar a miles de juegos, cantar, bailar, cocinar, leer y muchisimas más.

    No dejemos que el Covid-19 nos quite la alegría y las ganas de seguir a adelante .

    1. Muchas gracias Yolanda por tus palabras. Estamos totalmente de acuerdo contigo. Estamos asustados por lo que no conocemos, pero como tú dices…tenemos que seguir adelante y con alegría. Un cordial saludo

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